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Una puerta al empleo



Una puerta al empleo en ABIRE

Continuamos los contenidos de nuestro blog realizando un somero análisis, como no podía ser menos, de la situación actual que vive el Contrato para la Formación y el Aprendizaje, tan denostado por algunos y, sin embargo, tan necesario para todos y para todo.


En la mayoría los mercados laborales de nuestro entorno podemos encontrar modelos de contratos o fórmulas similares a nuestro Contrato para la Formación y el Aprendizaje. La razón es simple y fácil de comprender: a la consabida necesidad de que las empresas cuenten con personal cualificado que permita mejorar su competitividad, la Administración debe facilitar el acceso al empleo a aquellos colectivos con particulares dificultades de entrada en el mercado laboral: jóvenes sin cualificación profesional, discapacitados, desempleados de larga duración, personas pertenecientes a colectivos en riesgo de exclusión social, trabajadores procedentes de sectores económicos en declive para la tan necesaria reconversión profesional, etc...


Nuestra actual legislación laboral limita estos colectivos a tres: jóvenes menores de 25 años sin cualificación profesional reconocida para el desempeño del puesto de trabajo objeto del contrato, discapacitados y personas pertenecientes a colectivos en riesgo de exclusión social, aunque de éstos, sólo están incluidos los colectivos previstos en la Ley 44/2007 de 13 de diciembre.


Han sido numerosas las reformas, cambios y modificaciones sufridas por esta modalidad de contrato desde la aprobación, a mediados de los años 90, del Contrato de Aprendizaje, primer contrato que establecía la obligación de unos contenidos formativos teóricos impartidos por la propia empresa o por centros de formación homologados por el Instituto Nacional de Empleo (INEM), hasta el actual Contrato para la Formación y Aprendizaje, cuya última modificación se produjo a raíz de la entrada en vigor del Real Decreto 28/2018 de 28 de diciembre, y que establecía el límite de los 25 años como edad máxima de los trabajadores para celebrar un contrato de formación.


En una trayectoria tan amplia, muchos han sido los altibajos sufridos por el contrato de formación, alternando etapas de gran popularidad entre las empresas con otras etapas más grises y de menor protagonismo. Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que actualmente estamos viviendo una de estas últimas.


Sin ánimo de ser exhaustivos, entre las razones que explicarían la actual situación del Contrato para la Formación y el Aprendizaje podríamos encontrar las siguientes:


Porque, a modo de conclusión y analizando objetivamente el tema, si en el Contrato para la Formación y el Aprendizaje se encuentran de manera simultánea dos elementos básicos como la formación profesional, factor imprescindible para el acceso al mercado laboral, y el trabajo remunerado y con todas la coberturas sociales, bien planteado a partir de algunas reformas necesarias, ¿quién puede negar que el Contrato para la Formación y el Aprendizaje se erige como uno de los instrumentos más eficaces y necesarios para la inserción laboral, una verdadera "puerta al empleo"?

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