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¿Y ahora qué?

Una puerta al empleo en ABIRE

Apenas unas horas después de finalizar el recuento de votos de la pasada jornada electoral del 10 de noviembre, los líderes del Partido Socialista Obrero Español, ganador de las elecciones, y de Unidas Podemos, anunciaban un preacuerdo para conformar un gobierno de coalición. A falta de negociar con otras fuerzas políticas con representación parlamentaria los apoyos necesarios para la investidura del candidato socialista, D. Pedro Sánchez, como presidente del Gobierno de España, a fecha de hoy todo parece indicar que esta es la opción más probable de gobierno.

El escenario económico no pinta bien. De un tiempo a esta parte varios indicadores confirman una desaceleración económica que amenaza en breve en convertirse en una nueva crisis. En este contexto la desaceleración de la contratación laboral en nuestro país es ya un hecho. ¿Que proponen los nuevos socios para afrontar esta situación?

En el citado preacuerdo, concretamente en su primer punto, ambas formaciones políticas se comprometen a "Consolidar el crecimiento y la creación de empleo. Combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad". Obviamente se trata de una declaración de intenciones extraordinariamente genérica, susceptible de ser firmada por la totalidad de partidos políticos del orbe mundial.

Para encontrar alguna medida concreta, es inevitable por tanto que revisemos lo que ambas formaciones proponen en sus programas electorales en relación al mercado laboral, centrándonos en particular en el contrato para la formación y el aprendizaje.

Lo primero que tendríamos que plantearnos es si el nuevo gobierno contempla la continuidad del contrato de formación o aprendizaje o al menos una fórmula similar.

Ya decíamos en nuestro anterior artículo que en otros mercados laborales de nuestro entorno existían figuras parecidas al contrato para la formación y el aprendizaje, estando considerado como un instrumento imprescindible para la cualificación profesional y la inserción laboral de los jóvenes. Igualmente, si echamos la vista atrás, comprobamos que en España desde mediados de los años 90 y hasta el día de hoy de manera ininterrumpida, hemos contado con un contrato de formación entre las distintas modalidades de contratos que los diferentes gobiernos de la nación, con independencia de su color, han ido aprobando y/o reformando a través de sus acciones de gobierno.

Por lo explicado anteriormente parece previsible la continuidad del contrato de formación. De hecho, el Partido Socialista proponía en su programa electoral para las elecciones de abril del presente año, reducir a tres las modalidades de contratación vigentes, contemplando entre ellas el contrato formativo. Las otras dos serían el contrato indefinido y el temporal. Esta reducción de modalidades de contrato no aparece sin embargo en el programa electoral presentado para las elecciones del 10-N, aunque ello no significa la renuncia a esta medida, ya que la tendencia de los últimos años en el mercado laboral ha sido la de ir reduciendo el número de modalidades de contrato. Nada más sobre el contrato de formación se dice en ninguno de los programas socialistas.

Los socios en el previsible gobierno, Unidas Podemos, no hacen por su parte referencia alguna al contrato para la formación y el aprendizaje en sus programas electorales, ni en el de abril ni en el redactado para la cita electoral de noviembre.

Como vemos, pocas referencias podemos encontrar sobre el contrato de formación o formativo. Centrémonos por tanto en aquellos aspectos de las medidas que proponen ambos partidos que a nuestro juicio pudieran afectar al contrato de formación, aunque fuera de manera indirecta.

Por un lado la lucha contra la temporalidad en la contratación. Cierto que aunque hay empresas que por circunstancias de su actividad requieren de este tipo de contrato, no podemos negar que en otros casos ha existido un abuso de esta fórmula de contratación. Si finalmente, como parece, se endurecen las condiciones de contratación temporal, prohibiendo los contratos de duración inferior al mes y permitiendo como máximo seis meses antes de su conversión en indefinido, el contrato de formación y aprendizaje quedará como único contrato laboral de naturaleza temporal con una duración máxima de tres años.

Por otra parte, el más que presumible aumento de los costes laborales y sociales, del que ya vivimos un anticipo con la subida a 900 € del Salario Mínimo Interprofesional 2019, y la ausencia de medidas o propuestas para incentivar la contratación laboral por medio de bonificaciones o reducciones de cuota en los seguros sociales, convertirán al contrato de formación como el único contrato laboral bonificado pudiéndose convertir en refugio de las empresas para el control de sus costes laborales.

Por ello, en el supuesto de subsistencia del contrato de formación y aprendizaje con similar regulación a la vigente, el contrato de formación sumaría a su ineludible función social de cualificación profesional e inserción laboral un incuestionable atractivo económico para las empresas.

A ver qué pasa....

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